Mi Dios es el del
agradecimiento, no el de la súplica; el que lo da todo y no espera nada a
cambio, al que se le entrega todo y no pide nada por ello. Mi Dios es tu Dios,
si es que tú existes, aunque sin ti también existe Dios, y Él escucha, siempre
escucha. Yo rezo mucho tras esta puerta que yace siempre abierta, rezo por los
míos y por los otros. Rezo por las extrañas esperanzas que conforman un hombre.
Rezo siempre por los vivos, nunca por los muertos, pues ellos son siempre en
Dios, y ya no esperan. No como nosotros, que esperamos sin parar cualquier
señal, cualquier hálito de Dios, su agradecimiento.
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