Me dolía el
costado y escupí las palabras: “Non novi hominem!” Tan lancinante era el dolor
que me arrastré por el pedregal con uñas y dientes. Lanzado hacia el poniente,
mascando los muñones y escupiendo dedos de pasta blanda. Soy lanzado a la luna,
al estropicio de cristales en la esquina vecina. Soy lanzado al dolor como un
hombre de carne y quizás hueso. “Non novi hominem! He de comerme las palabras
que me alejan de ti, yo sí te conocía, fue mi reflejo el que te esquivó, pero
mi reflejo por otra parte yace oculto en el fondo de una botella de ron. “Ego novi
hominem.”
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