lunes, 25 de marzo de 2013

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Me dolía el costado y escupí las palabras: “Non novi hominem!” Tan lancinante era el dolor que me arrastré por el pedregal con uñas y dientes. Lanzado hacia el poniente, mascando los muñones y escupiendo dedos de pasta blanda. Soy lanzado a la luna, al estropicio de cristales en la esquina vecina. Soy lanzado al dolor como un hombre de carne y quizás hueso. “Non novi hominem! He de comerme las palabras que me alejan de ti, yo sí te conocía, fue mi reflejo el que te esquivó, pero mi reflejo por otra parte yace oculto en el fondo de una botella de ron. “Ego novi hominem.”

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