lunes, 1 de abril de 2013

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La puerta tras la que aguardo es una puerta giratoria, bien de hotel o de banco, bien de panadería o ultramarinos. La puerta tras la que aguardo tiene atada una soga al manillar, es herrumbrosa y tersa como los tornillos de un charco, o los tafetanes de un burdel. Espero asido a la soga, más blanco que negro, ansiando más que esperando; reflexionando sobre los cabos sueltos de la soga, y no tan solo que dé espanto. Aguardo tras las rejas preso en una soga, en una cuerda que se enrosca a los pies y me sube por la rabadilla, hasta formar una horca en mi gaznate. Soy el sabio que ahorcaron a la medianoche, antes incluso de haber existido.

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