Era donde vivían
los hombres eternamente, la estación donde paraban todos los trenes, y dejaban
la marea de viajantes aferrados a aquellos pretiles, a aquellas aceras
encumbradas. Yo lo vi con mis ojos de niño, y sé que allí irán a parar mis
pasos, como los de todos los que me acompañan. Allí parará el mundo. Lo veo
claramente, el volcán que estalla, la lava que cubre todo, absolutamente todo; “La
virgen de la Rocas” y “La Gioconda” tragadas por el Vesubio de la estación, el
eterno magma que sonríe en los labios de Leonardo. Y yo tragado con todo y
todos, soñado acaso… pero tragado!
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