No existe la mala suerte, no existe. Sólo existen nuestras entrañas, lo que llevamos por dentro y nos hace diferentes. Existe la libertad, siempre compartida y existen nuestros ruegos a los dioses, vividos por nosotros desde remotos tiempos, pues siempre hemos sido paganos, siempre hemos adorado a las piedras y a las aguas. Nos encontramos ahora en el ocaso de nuestra historia, bajo un mal guarismo que nos oprime, pero volveremos a nacer, a sacar las manos por sobre los sutiles velos de Venus. Entre resuellos se acogota al insecto.
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