Por el cuatro y por lo cuarto entré a este mundo de insidias. Todo ya estaba preparado antes de yo llegar, nada cambió un ápice, tal vez los conspiradores fueran más astutos, más tenaces, más irresolutos. Pero yo no me he dejado llevar, abrí la puerta sin respingos y dije esta es mi obra, estas mis manos. Y mi voz parecía un grito. Valen poco mis gritos. Hace años que vocifero en este semidesierto y todos se muestran sordos, inclusive los conspiradores. Qué puedo hacer para librarme de ellos y entrar al mundo a corazón descubierto. Trasnocharé mañana.
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