sábado, 6 de agosto de 2011

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La segunda puerta es la puerta de la extrañeza, la de aquella mujer que vino sólo una vez y partió para siempre. Es una puerta del amor a la carne, de la lujuria a un sexo túrgido. Yo, que soy tan retraído, y si no me hacen cosquillas ni me acuerdo. No abriré esta puerta de par en par, la entornaré tan sólo, pues no la abrí más que una vez, y ya hace mucho que la cerré. Por esta puerta sólo puede entrar una extraña, hasta de Dios desconocida. Que toque con sus dedos sarmentosos mis párpados, que huela al incienso de la orgía. Porque yo, señores, yo también he sido joven.

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