Habrán muerto
nuestros pliegos, nuestros dedos cadáveres yacentes sobre el heno. Y seremos
más de estirpe triste, irreconocibles en la pose y el gesto, porque estaremos
tan muertos como nuestros deseos, tan sumidos en la rima ociosa como un Taj
Mahal de sueños. Y cantaremos el samba
que quiso ser mujer, abrazaremos las paredes chocando con la incerteza de que
aún no estemos muertos, de ser dedos
muertos sobre techos de pliegos, sobre descartes inciertos. Y seremos muertos
entre los muertos, cadáveres plagados de flores y enojos… illic erit fletus et
stridor dentium.
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