martes, 5 de febrero de 2013

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Habrán muerto nuestros pliegos, nuestros dedos cadáveres yacentes sobre el heno. Y seremos más de estirpe triste, irreconocibles en la pose y el gesto, porque estaremos tan muertos como nuestros deseos, tan sumidos en la rima ociosa como un Taj Mahal de sueños.  Y cantaremos el samba que quiso ser mujer, abrazaremos las paredes chocando con la incerteza de que aún no estemos muertos,  de ser dedos muertos sobre techos de pliegos, sobre descartes inciertos. Y seremos muertos entre los muertos, cadáveres plagados de flores y enojos… illic erit fletus et stridor dentium.

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