sábado, 14 de enero de 2012

20

Yo he sido igual que ese escritorzuelo cojonero, que después de haber escrito un par de libros que él cree interesantes piensa que merece todo el oro del mundo. No nos engañemos, el talento es valioso por sí mismo, lo que tiene que ser será, y si no es pues que no sea, más se perdió en el círculo de mi ombligo. Nadie puede salvarnos, ni una mujer ni un diácono, tú eres el único que puede salvarse a sí mismo. Así es de sencillo, y eso significa sin duda el libre albedrio, al cual tardé cuarenta años en conocer. Hay que aprender a vivir como hay que aprender a amar, con pecho hinchado y puños cerrados.

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