viernes, 16 de diciembre de 2011

18

No deberíamos alzar tanto los  brazos. Al fin y al cabo nuestra situación no es la peor, al contrario, es bien razonable. Nos duele el corazón, nos duelen los ojos, hasta la podrida muela nos duele; mas es un dolor nada comparable con el que tuvieron los profetas, todos ellos. Nos sentimos tristes, lloramos sangre y no tragamos las injusticias; pero que es todo comparado con la agonía de los antiguos escribas. Se ha hecho el mundo, pero no para nosotros; la mesa está puesta, pero no comeremos de ella. Nuestro mundo está aún por hacerse, los manjares que degustaremos todavía no han sido pensador por nadie.

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