Extiendo la mano y nada alcanzo, no es que no tenga dedos, no es que no tenga potencias prensiles; pero aun así mis manos no llegan a ese sol amado, es reacia la caricia a ese cabello. Por mucho que me crezcan los brazos no lo alcanzo, no podré nunca alcanzarlo, pues esas mejillas sonrosadas son inalcanzables. Todo lo que amo me separa de ella, nuestras disparidades, nuestros gustos contrarios, todo trabaja en contra nuestra. Y a veces parece que alcanzo la puntita de su nariz, y descanso, con todas las carnes sin peso.
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