domingo, 21 de octubre de 2012

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El pensamiento es libre. Absolutamente libre. No hay decálogo que lo haya prohibido, ni ley impuesta sobre él. Jesús decía que no lo que entra por la boca sino lo que sale por la boca, la palabra, contamina. Pero la literatura son pensamientos, pura ficción, y sólo contamina a quien es sensible a la contaminación. Es cierto, las malas palabras engendran malas acciones, pero los malos libros sólo engendran polvo. Diría, poniendo en mi boca las palabras de Yusuf: “Yo no pretendo ser inocente. El alma exige el mal, a menos que mi Señor use de Su misericordia. Mi Señor es indulgente, misericordioso.”

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