El pensamiento es
libre. Absolutamente libre. No hay decálogo que lo haya prohibido, ni ley
impuesta sobre él. Jesús decía que no lo que entra por la boca sino lo que sale
por la boca, la palabra, contamina. Pero la literatura son pensamientos, pura
ficción, y sólo contamina a quien es sensible a la contaminación. Es cierto,
las malas palabras engendran malas acciones, pero los malos libros sólo
engendran polvo. Diría, poniendo en mi boca las palabras de Yusuf: “Yo no
pretendo ser inocente. El alma exige el mal, a menos que mi Señor use de Su
misericordia. Mi Señor es indulgente, misericordioso.”
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