Yo no sé de viajes y de amoríos. Me entronco en mi rancio teísmo para no morir de pena. Y escapo poco magullado de tanta odisea, de tanto viaje que se aferra a mi piel como un malhadado tatuaje. Soy del camino tal bestia del arriero, y aunque me excluyo de él vivo a caballo de dos mundos, a cual más ilusorio. Ora a sinistra, ora a diestra, me enorgullezco de mi potencial y de las toneladas de mi bagaje. Nadie llegó al infierno tan cargado ni partirá a los cielos tan liviano, ése soy yo, el de jeta mediocre y espaldas anchas.
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